Salida Veraniega 2015 País Vasco - Club TR Register España

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Este año, como todos los años desde que me uní al club TR Register tocaba excursión veraniega, y he tenido el honor de organizarla por mi tierra. Hay que hacer de embajador y como ahora estamos en crisis, aunque en el País Vasco la crisis sea más suave, los turistas y su dinero son más bienvenidos que nunca. Siempre es un riesgo organizar alguna salida por esta zona por muy verano que sea porque nunca tienes asegurado ni el sol ni el calor, aunque tampoco no nos pudimos quejar. Solamente llovió un día y tuvimos una temperatura anormalmente cálida, con ese calor que tanto gusta cuando vas en un Triumph: Si vas descapotado te asas por el sol y si capotas el motor te asa.
No fue una salida exclusiva del club, y solamente la mitad éramos socios del club: José Ramón Ambroa, Vicente Terol, Juan Jordano, Carlos Sanz, Segundo Barbera y yo. Y de los 6 socios del club solo hubo 3 triumph, casualmente los miembros que más kilómetros tuvieron que hacer para asistir a la salida fueron los que fuimos en un TR: Vicente y su TR4 desde Alicante, yo desde Barcelona (en realidad de Suiza a Barcelona en coche moderno donde otro socio, Lluís Grau tenía mi TR4A recién pintado) José Ramón desde Alemania (quitaos el sombrero ante el socio que condujo su TR6 desde Múnich para participar en la salida e inmediatamente después participo en la reunión TR Freunden y ganó la copa). Carlos, Juan y Segundo traicionaron los TRs por un Porsche moderno, un Jaguar XKS y un Maserati semi-clasico respectivamente
La idea del viaje fue hacer un paseo sin excedernos de kilómetros. Empezamos pasando 2 días en Bilbao visitando la ciudad y los alrededores incluyendo el museo Torre Loizaga de coches clásicos. Y después de Bilbao nos costó 5 días y 850 kilómetros llegar a Pamplona desde Bilbao. Exceptuando uno de los días, el Jueves, el número de kilómetros fue moderado y tuvimos variadas actividades gastronómico-culturales por el camino.
El viaje comenzó en Bilbao, con una cena en mi Txoko en la que, como mandan las tradiciones, las mujeres comieron y bebieron y los hombres cocinamos. Y comimos y bebimos, claro. Iba a ser una actividad única pero tuvimos que repetirla el domingo por la noche porque fuimos incapaces de comer la mitad de las provisiones el sábado. No, no me pasé comprando la comida: ciertos ansiosos se pasaron con la comida y los pasteles el sábado y llegaron a la cena sin hambre a pesar de mis avisos. También en hubo visita al museo Torre Loizaga de coches clásicos y al puente colgante que une Portugalete y Getxo cruzando la ría.
Empezamos la excursión de verdad saliendo de Bilbao y pasando por Bakio, pueblo en el que he veraneado toda mi vida y donde volvimos a disfrutar del magnífico bonito del cantábrico cocinado de varias maneras diferentes. Como paso obligatorio visitamos la espectacular ermita de San Juan de Gaztelugatxe, Bermeo, Elantxobe (hermoso pueblo en el acantilado que empezaba sus fiestas el día siguiente y estaba colapsado), y pasamos por las playas de Laida y Laga hasta llegar a Deba, lugar de destino de la primera noche. Tuvimos un día espectacularmente bueno, soleado y cálido.
El segundo día, el martes 21 de julio, fue el peor día desde un punto de vista climatológico hasta que llegó la horriblemente cálida noche. Lluvia vasca, fuerte y constante, acompañada por un calor no muy vasco. Como el día no colaboraba con la excursión hubo que pasar al plan B y paramos en Getaria para visitar el pueblo unos y el museo Balenciaga otros. El camino de Getaria a San Sebastián también varió por la fuerte lluvia. En vez de ir por la carretera de la costa fuimos por la autopista. Esto nos permitió llegar más o menos secos a comer y tener más tiempo para disfrutar de la ciudad y de sus pintxos. El camino de San Sebastián a Biarritz tampoco fue el previsto y lo hicimos por autopista. En Biarritz fuimos a cenar al restaurante Arosta, propiedad de Matthieu, miembro del Club TR de Francia y propietario de un TR6.
El tercer día, después de una de las noches en las que más calor he pasado y peor he dormido de mi vida, también tuvimos que cambiar los planes de la mañana y en vez de subirnos al tren de la Rhune y ver el puerto de Larrau en todo su esplendor, nos desviamos a visitar Espelette, un pueblo típico del País Vasco Francés en el que había un mercadillo de productos gastronómicos típicos de la zona (pimiento y foie). El puerto de Larrau, al que subimos en coche el día siguiente, estaba muy nublado y no tenía sentido subir en el tren cremallera para no poder ver más que nubes. Desde Espelette fuimos a Lesaka, a comer la famosa tortilla de patata del casino, que ha ganado varias veces el campeonato de España de tortillas de patata (me reservo la opinión sobre la idoneidad del premio). Una visita guiada por el frondoso Señorío de Bertiz fue lo más apropiado para bajar la tortilla y aprender un poco de árboles antes de volver a los coches y conducir hasta Roncesvalles, donde cenamos y dormimos.
El jueves, cuarto día de excursión, fue el día grande, el día con más kilómetros y con mejor ruta. Tan buena ruta que estuvimos a punto de tener un "motín de mujeres", hartas de subir y bajar puertos de montaña y dar vueltas sin sentido. Y algo de razón tenían, porque empezamos y terminamos el día en el mismo sitio, pero todas las vueltas que dimos tenían mucho sentido. Vueltas y curvas, muchas curvas. Empezamos el día con una visita guiada a la colegiata de Roncesvalles, que no todo va a ser conducir, y a partir de allí San Juan de Pie de Puerto, Lekumberry, el puerto de Irati, Larrau, Ochagavía, la Selva de Irati y volver a Roncesvalles. Para que os hagáis idea de la ruta y las carreteras, para los 165 kilómetros que hicimos desde que salimos de Roncesvalles hasta que volvimos al mismo hotel por la noche, Google Maps estima necesarias 4 horas.
El viernes fue el último día de nuestro paseo. Un día sin muchos kilómetros y que tenía que haber sido el más tranquilo de todos. Pero resulto ser el día más caótico a partir de la comida. El día empezó con una visita a la Foz de Lumbier donde pudimos disfrutar de un buen paseo por un terreno agreste, totalmente diferente a la exuberancia de árboles que habíamos disfrutado todos los días anteriores. Desde allí fuimos a Javier a visitar el castillo dando un pequeño rodeo por bonitas carreteras pasando por Burgui y Sigues hasta llegar a comer a Yesa. Y después de la comida, llegó el caos. El grupo se dividió entre los que fuimos a visitar el castillo de Javier y los que querían llegar a Pamplona antes de tiempo para poder ir de tiendas. Finalmente el grupo se juntó de nuevo en Pamplona para disfrutar la última cena de la excursión.
Algo a valorar: Excepto un pequeño problema con el líquido de la dirección del Jaguar de Juan, ninguno de los coches tuvo el más mínimo problema mecánico. Esta fiabilidad tampoco debería sorprender teniendo en cuanta que solo 4 de los coches eran clásicos. Y por si acaso mi indirecta no queda clara: Esto es una crítica a los que no asistieron con un coche clásico.
No quiero acabar el resumen de la excursión sin expresar mi agradecimiento a todos los participantes en ella. No toda salió como me esperaba y hubo algunos fallos en la organización al haber sido la primera vez que he organizado una salida de este tipo. Me centré demasiado en la ruta y menos en hoteles y restaurantes, pero el buen humor y las ganas de pasarlo bien y disfrutar las vacaciones hicieron llevaderos esos momentos de caos. Y tampoco puedo acabar el resumen sin volver a la expresión inglesa que cada día me venía a la cabeza y que os gustó tanto: Organizar una excursión de este tipo es más difícil que pastorear gatos (Herding cats).
También quiero agradecer, en el nombre de Desireé, el detalle que tuvisteis con ella regalándole un bolso que he bautizado como “Bimbo” por su marca como agradecimiento. Un obsequio que no era necesario. La próxima vez que no sepáis que regalarme a mí, puñeteros, en vez de regalarle algo a ella me preguntáis que quiero!!!!

 
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